El amo de la potencia de salto
Los Bulls dejaron de ser una franquicia más dentro de la NBA el día que eligieron a Michael Jordan en el draft de 1984. Hasta entonces, el baloncesto había pasado inadvertido en Chicago, siempre a la sombra del fútbol americano y el hockey sobre hielo.
Michael Air Jordan devolvió el orgullo a una ciudad que lo había perdido con las derrotas.
Dick Klein fundó los Bulls en 1966. Las esperiencias anteriores no habían tenido éxito alguno en la ciudad del viento. El primer proyecto tuvo lugar en 1925 con los Chicago Bruins. George Hallas, dueño del equipo, fundó junto a tros ocho propietarios la American Basketball League (NBL). Los Bruins jamás brillaron a gran altura y seis temporadas después de su creación el club y liga desaparecieron.
Los Bruins volvieron a la competición en la temporada 42-43, su propietario, cansado de coleccionar fracasos, retiró el apoyo económico para hacerse cargo del mismo United Auto Workers, un sindicato que sólo pudo hacer frente a los gastos durante un año para desaparecer después.
En la temporada 44-45 el baloncesto profesional en Chicago tuvo un nuevo nombre dentro de la NBL, los American Gears. El tercer proyecto tuvo lugar en 1946 con los Chicago Stags, que disputaron sus partidos dentro de la Basketball American Association. John A. Sbarbaro disolvió el equipo en la campaña 49-50 por los malos resultados y los problemas económicos. Once años más tarde volvió el baloncesto profesional a Chicago con los Pakers. En su primera temporada terminaron con una marca negativa de 18 victorias y 62 derrotas. En la temporada 1962-63, los propietarios de los Packers decidieron cambiar el nombre del equipo para olvidar así el rotundo fracaso que supuso el debut. Los Packers pasaron a ser los Zephyrs y a jugar en el Coliseum, ante una media de 7.000 espectadores; pero de poco sirvió el cambio, los Zephyrs terminaron en última posición. Jim McMahon estaba en el banquillo, y en la cancha, la estrella era Walt Bellamy.
Los antecesores no eran halagüeños, pro Mr. Klein puso en funcionamiento el cuarto proyecto de baloncesto profesional en Chicago. El debu en la NBA tuvo lugar el 18 de octubre de 1966, en el anfiteatro, con victoria frente a San Francisco por 119 a 116 y ante 4.200 espectadores, que vibraron con la actuación del hoy entrenador de los Jazz, Jerry Sloan, autor de 26 puntos. La temporada fue espléndida para un equipo debutante: 33 victorias, la mejor marca en la historia de una franquicia nueva en la liga.
Los Bulls de 1966-67 fueron dirigidos por John Red Kerr, con Al Bianchi de ayudante. La marca (33-48), cuarta de la División del Medio Oeste, les permitió accedes a los playoffs, aunque en ellos, los Hawks de St. Louis demostraron su poderío (3-0). La temporada terminó, preo llegaron los premios individuales: John Kerr fue elegido Entrenador del Año; Erwin Mueller, incluido en el mejor quinteto de los novatos, y para completar el cuadro, el base Guy Rodgers fue el mejor en asistencias de la liga con una media de 11,2.
Tras una temporada de éxitos vino una época gris que duró tres años, en los que hubo, no obstante, hechos significativos como el traspaso de Rodgers a Cincinnati a cambio de Flynn Robinson, quien estableció ese mismo año el hasta entonces récord de puntos de los Bulls en los playoffs: 41. Kerr fue destituido y su lugar lo ocupó Dick Motta. En la temporada 1968-69 llegó a los Bulls el primer gran pívot de Chicago: Tom Boerwinkle, procedente de la Universidad de Tennessee. Sin embargo, el público dio la espalda al equipo, y como ejemplo ahí están las cifras: 891 espectadores, la entrada más raquítica de la historia del club, vieron un partido frente a los Sonics. Robinson dejó Chicago y llegó Bob Love.
El equipo defendió bien (Sloan fue elegido para formar parte del mejor quinteto defensivo de la liga), pero con una marca de 33-49 volvieron a quedar fuera de los playoffs. En la campaña 1969-70 llegó Chet Walker, y Boerwinkle estableció el récord reboteador de la franquicia, con 37 capturas en un partido contra los Suns.
El trabajo de reconstrucción dei los resultados apetecidos en la temporada 1970-71. El equipo estaba compensado; en el juego exterior, la pareja Love-Walker aportaba puntos y asistencias; mientras que la zona Boerwinkle imponía su ley. Los chicos de Motta, que fue elegido entrenador del año, pusieron fin a la racha triunfal de 20 victorias consecutivas de Milwaukee. TRas finalizar la campaña con un marca de 51-31, cayeron frente a los Lakers, no sin luchar, por 4-3 en la primera ronda.
Seis victorias más obtuvieron en la temporada 1971-72, y aseguraron de nuevo el viaje a los playoffs. En aquella temporada, un desconocido, Jackie Dinkins, vistió por primera vez el número 23 de los Bulls. El draft proporcionó en rondas altas jugadores de calidad, como Clifford Ray (Universidad de Oklahoma) en tercera ronda y Artis Gilmore en séptima; aunque optó por la oferta de Kentucky para jugar en la ABA. Walker estableció el récord anotador de los Bulls en temporada regular con 56 puntos contra Cincinnati, y cuando todo hacía pensar en el éxito durante las eliminatorias por el título, aparecieron los Lakers para echar por tierra las ilusiones con un rotundo 4-0. La lesión de Boerwinkle en una pierna la última semana de la temporada resultó, sin duda, un factor decisivo en el rendimiento del equipo. Ray fue incluido en el quiteto ideal de debutantes, y Love, en el segundo equipo ideal de la liga, así como en el segundo defensivo. Durante tres temporadas, los Bulls vivieron años de éxito continuo. En 1972, la franquicia pasó a manos de un grupo encabezado por Arthur Wirtz, Lester Crown y Lamar Hunt (hoy, en 1993, socios minoritarios). La campaña transcurrió con tranquilidad hasta llegar a los playoffs, donde los Lakers volvieron a ganar por 4-3. Pat Willians, que llegó en 1968 como manager general, se fue a los Hawks de Atlanta.
En la temporada 1973-74, los Bulls superaron las 50 victorias (cuatro temporadas seguidas). Los récords más importantes fueron las 12 victorias consecutivas, así como los 32 triunfos que alcanzaron en su cancha. El equipo tenía un quiteto de lujo: Love, máximo encestador, con una media de 21,8 puntos; Ray, reboteador, con unos promedios de 12,2 y dos especialistas en defensa como Van Lier y Sloan, elegidos para formar parte del mejor quinteto defensivo de la NBA. En los playoffs pasaron por primera vez la ronda preliminar contra Detroit, pero cedieron frente a los Bucks (4-0). Pese a los problemas que tuvo el equipo, Love se perdió 20 partidos y Van Lier, 11, los Bulls conquistaron el primer título de su historia al conseguir en primer puesto en la División del Medio Oeste. Nate Thurmond llegó procedente de los Golden State Warriors a cambio de C. Ray y una suma de dinero. En su debut contra los Hawks, Thurmond estableció el récord de tapones de los Bulls con 12. El público, entregado a su equipo, asistió al Chicago Stadium en una media de 10.074 espectadores por partido. La defensa de los Bulls fue la mejor de la NBA, al no permitir a sus rivales una media superior a 95 puntos. En los playoffs superaron a Kansas City (4-2) y cayeron en la final de la Conferencia Oeste ante los campeones de ese año, los Golden State Warriors, 4-3.
La Temporada 1975-76 fue para olvidar; tan sólo 24 victorias, la amrca más baja. Motta dimitió como máximo responsable y Thurmond fue traspasado. Remontaron el vuelo en 1976-77 gracias a las incorporaciones que proporcionaron el draft universitario, Scott May (Universidad de Indiana), y el draft tras la disolución de la ABA, Artis Gilmore. Por éste pagaron un millón de dólares, pero rentabilizaron la inversión. La campaña comenzó con las lesiones de May y de Marin, pero tras hacerse con los servicios de Mengelt, procedente de Detroit, los Bulls volvieron al sendero de los éxitos, al conseguir la victoria en 20 de los últimos 24 partidos, en lo que fue conocido como El milagro de Madison Street, al que asistieron 11.625 espectadores de media; con récord en el partido contra los Lakers del 22 de marzo de 1977: 21.046 espectadores.
Por tercer año consetivo, los Bulls terminaron con el mejor promedio defensivo de la liga (98 puntos en contra), pero en los playoffs se cruzaron en el camino de los futuros campeones, los Portland Trail Blazers de Bill Walton (2-1). May fue incluido en el cinco ideal de novatos, y Artis Gilmore quedó como máximo anotador (18,6) y reboteador (13) del equipo.
Las expectativas era máximas pera la temporada 1977-78, pero la lesión de May quebró un proyecto que contaba con el apoyo del público (13.386 espectadores de media) y un Gilmore dominante con un promedio de 22,9 puntos y 13,1 rebotes. La marca (44-42) no hizo posible el acceso a los playoffs. A partir de esa temporada, los fracasos se sucedieron uno tras otro, con la única excepción de la campaña 1980-81, en que obtuvieron 45 victorias y 37 derrotas y alcanzaron el segundo puesto de la División Central, donde fueron encuadrados tras la reestructuración de la liga. Durante siete temporadas sólo podemos destacar unos pocos hechos importantes, como el récord de rebotes de ataque a cago de Mark Landsberger (15) y el nombramiento de Jerry Sloan como entrenador (1978-79). POr vía del draft llegaron buenos jugadores, como R. Theurs, D. Greenwood, O. Woolridge y Q. Dailey, que, por sí solos, no pudieron devolver a los Bulls a los puestos de honor. El banquillo de Chicago conoció técnicos tan dispares como Paul Westhead, Kevin Loughery y Ron Thom.
La aparición de Jordan convulsionó tanto a los Bulls como a la misma NBA, en la que el duelo Magic-Bird había ensombrecido al resto de los jugadores. Michael llegó a Chicago con una aureola de estrella ganada en North Carolina, y en el equipo olímpico de baloncesto que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84. Su rendimiento desde los primeros encuentros fue espectacular; dueño de un juego tan bello estéticamente como efectivo, Jordan cautivó de entrada con sus mates imposibles, pero poco a poco dejó entrever ese carácter de ganador nato que intenta impregnar siempre a sus compañeros. En su debut frente a Washington consiguió 16 puntos; titular desde el primer partido, Jordan fue seleccionado para el All-Star. Los récords de los Bulls cayeron uno tras otro, y siempre con Jordan de protagonista; como novato estableció un nuevo tope (49 puntos), obtenido el 12 de febrero de 1985 frente a Detroit. Jordan inició la revolución desde la cancha, pero en marzo de 1985 tuvo lugar un hecho igualmente decisivo para la transformación de la franquicia. Jerry REinsdorf adquirió la porción mayoritaria de los Bulls, a los que llegó con esperiencia en dirección en el deporte profesional, concretamente en el béisbol, donde dirige los destinos de los White Sox de Chicago.
La decisión más acertada de Reinsdorf fue poner en manos de Jerry Krause la construcción de un equipo que tenía una superestrella, pero que necesitaba compañeros de categoría que pudieran colaborar a conseguir los objetivos que tanto Krause como Reinsdorf se habían planteado. Krause, el hombre que ha construido, sin duda con algunos fallos, este equipo campeón, diseñó su estrategia a partir de las elecciones del draft universitario. A él se deben algunas jugadas maestras, como la efectuada con los Sonics cuando acordó el intercambio de Polynice, elegido por los los Bulls, con la condición de traspasarlo por un semidesconocido Scottie Pippen, procedente de la Universidad de Cantral Arkansas (Segunda División NCAA). A sus conocimientos se deben también aciertos como Horage GRant, B. J. Armstrong, así como la contratación de los agentes libres Paxson, S. Willians y Levingstore, y algunos sonados fracasos, como Brad Sellers, Jeff Sanders, Stacy King y W. Perdue. La guinda del pastel no es otra que el actual entrenador, Phil Jackson, que, junto a sus ayudantes, John Bach, Jim Clemons y Tex Winter, llegó a Chicago contratado por Krause.
El binomio formado por Reinsorf y Krause ha puesto siemrpe en manos del cuerpo técnico lo mejor que estaba a su alcance. Jordan se ha encargado de encumbrar ese trabajo hasta límites aún hoy desconocidos. El decenio Jordan en los Bulls es un sinfín de acontecimientos triunfales que, por el momento, han culminado con el tercer título consecutivo de la NBA. Desde su incorporación al equipo, todo el trabajo de reconstrucción se ha hecho en función de las cualidades de Jordan y de aquellos puntos débiles, si es que existen, que Michael no podía cubrir con su baloncesto. En la campaña 1985-86, Jordan estableció el récord anotador de la NBA en un partido de playoffs con 63 puntos, marca obtenida frente a los Celtics en el Boston Garden. En esta temporada Jordan estableció un nuevo récord de puntuación en un partido al conseguir 69 puntos frente a Cleveland. Aquella temporada fue significativa para unos Bulls que apreciaron en toda su magnitud la importancia de Michael Jordan cuando tuvo que ausentarse de las canchas durante 63 partidos por la rotura de un tobillo el 29 de octubre del 1985 jugando frente a los Golden State Warriors. Los Bulls perdieron ocho partidos consecutivos y sólo con la vuelta a las canchas de Jordan, en marzo de 1986; consiguieron, a última hora, clasificarse para los playoffs. Stan Albeck dejó el cargo de entrenador y en la temporada 1986-87 llegó Doug Collins al equipo pra dar máxima libertad a Jordan, que, pese a brillar individualmente (más de 3.000 puntos aquella temporada), no pudo hacer que los Bulls consiguieran más victorias que derrotas (40-42).
La temporada 1987-88 dejó ver las posibilidades del equipo al conquistar la segunda plaza de la División Central con 50 victorias y 32 derrotas. La incorporación de Horage Grant aportó regularidad al juego interior del equipo. En los playoffs superaron a los Cavs por 3-2, y en segunda ronda, a los Knicks por 4-2; pero perdieron en las finales de la Conferencia Este frente a los Pistons por 4-2, en lo que significó el comienzo de una rivalidad que dejó secuelas tanto fuera como dentro de la pista. En la temporada 1989-90 volvieron a mejorar sus promedios (55-27), pero no pudieron desbancar del primer puesto de la División Central a los Pistons. Doug Collins fue reemplazado por su ayudante Phil Jackson, y los Bulls encontraron en un muy mejorado Scottie Pippen el hombre soporte de Michael Jordan. En los playoffs volvieron a superar sin dificultad la primera ronda al vencer a Milwaukee (3-1) y Philadelphia (4-1), y cayeron de nuevo en la final del Este frente a los Pistons (4-3).
El comienzo del ciclo de oro tuvo lugar en la temporada 1990-91, cuando consiguieron el mejor registro de la franquicia hasta entonces, con 61 victorias y tan sólo 21 derrotas. El primer título de los Bulls llegó tras destrozar a los Pistons en la final de la Conferencia Este por un 4-0 tan contundente, que ni Isiah Thomas pudo asimilar, retirándose de la cancha antes de finalizar el partido y sin felicitar a sus rivales por la victoria. En las finales superaron sin problemas a los Lakers (4-1). Un año después, y sin cambios sustanciales en la plantilla, los Bulls volvieron a mejorar el récord de victorias con 67, y sumaron un nuevo título de la División Central. La demostración de juego y superioridad respecto a los demás equipos de la liga fue tan evidente, que desde los primeros compases de la temporada nadie dudaba del nuevo título para Chicago. Los hombres de Jackson no defraudaron, y tras superar a Miami, New York y Cleveland en los playoffs, ganaron a Portland en las series finales por 4-2. Los Bulls no quisieron ser menos que los Lakers y los Pistons, y se apuntaron al conocido "Back to Back".
Una frase que ha quedado para la historia al superarla esta misma temporada con el "Three-peat" gracias al nuevo título conquistado en un año especialmente difícil para los Bulls por el cansamiento de sus estrellas, JOrdan y Pippen, por los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, y por la ascensión de dos superpotencias, Knicks y Suns, que fueron sus grandes rivales a la hora de revalidar un título que necesitó del esfuerzo de todos los Bulls y, muy en especial, de Michael Jordan, quien, con récord de puntos (41 de media) y nuevo JMV de la finales, hizo posible que el mundo del baloncesto siga cantando las excelencias de un equipo llamado a hacer historia en la NBA.
